Bad Bunny, la voz que va más allá del micrófono
La música es un catálogo de artistas que se convierten en líderes de opinión. La Super Bowl parece ser el lugar perfecto para abrir debates de interés político, social y cultural

Lucía Núñez
28.10.2025
Luces, cámaras y… ¡touchdown! El fútbol americano lleva décadas cruzando las mismas fronteras que Donald Trump se empeña en cerrar. El enfrentamiento entre los Kansas City Chiefs y los Philadelphia Eagles de este 2025 tomó el relevo por un día de un mítico clásico español Madrid-Barça. Saber que Travis Kelce, jugador de los Chiefs, es el prometido de Taylor Swift es parte ya de nuestra historia popular. Y, sin embargo, la Super Bowl es más que el mayor evento deportivo del año: también es música.
El famoso halftime es uno de los debates que acaparan cada temporada las redes sociales. Porque ya no importa tanto qué equipos juegan la final, sino también quién actuará en los casi 15 minutos que dura ese «medio tiempo». El protagonista de la Super Bowl 2026 es el puertorriqueño Bad Bunny, por si aún no te habías enterado. Con esta noticia surgen dos preguntas: ¿será su actuación un grito de reivindicación como ese discurso que apoya siempre en su música? ¿O es una rendición ante la cultura estadounidense?
Un cóctel bien cargado de música e influencia, por favor
A mediados del siglo pasado, dos sociólogos, Elihu Katz y Paul Lazarsfeld, teorizaban un concepto que parece más que asentado en nuestra sociedad actual, especialmente en el entorno digital. Hoy casi podríamos referirnos a ellos como influencers, pero allá por 1940 nacían los líderes de opinión: personas u organizaciones que ejercen influencia sobre los comportamientos y pensamientos de otros.
Ochenta y cinco años después, esta etiqueta sigue vigente. La diferencia es que ahora la gran mayoría de los líderes de opinión no llevan esmoquin, no se sientan en despachos ni hablan en tribunas; ahora lo hacen sobre los escenarios o desde cuentas de TikTok con millones de seguidores. La influencia se ejerce a través de la palabra, pero también a través del ritmo, de la música. Del arte en general. Los cantantes ya no solo llenan estadios, también moldean mentalidades.
«En este momento de la cultura pop, no te vale con no mojarte, no te vale con ser un artista sin discurso. Ya no te vale tener una cara bonita, una voz con personalidad. La gente quiere empatizar con lo que piensas», afirma Alberto Palao, redactor en LOS40 y creador de contenido musical en redes sociales.

Y es esa empatía lo que precisamente los eleva al siguiente nivel: «Además, tienen la capacidad de que no conectes con ese artista por cómo piensa, sino que termines pensando como él», continúa diciendo Alberto.
Si hiciéramos ahora mismo una gala para premiar a una de las personas más influyentes del mundo, seguramente uno de los nombres más repetidos de la noche sería el de Taylor Swift. «A través de su música te sientes conectada con ella. Si habla de un tema que tú no habías tratado o del que piensas diferente, a lo mejor incluso te planteas otra opinión», me reconoce personalmente Itziar, una fiel fan española de la cantante. La estadounidense ha logrado trascender su propia música para ser un fenómeno cultural y social. Sus canciones son leídas como diarios generacionales, sus giras baten récords económicos —según EFE, con su The Eras Tour aportó 4.000 millones de euros al PIB de Estados Unidos, wow— y sus opiniones políticas tienen una repercusión mediática inmediata. Pero no es la única.
Bad Bunny, la cara visible de Puerto Rico
Hace dos semanas, Karol G desfilaba por la pasarela más icónica de Estados Unidos. La artista colombiana se enfundaba en un vestido rojo con unas alas a juego y se convertía en un ángel más de Victoria’s Secret. Mientras, cantaba una letra que se ha convertido en un himno para las mujeres latinas: «Ey, ahora todas quieren una colombiana, una puertorriqueña, una venezolana, una domi que lo mueva rico», de su canción LATINA FOREVA.
La presencia de Karol G en el show no fue solo una cuestión de moda, sino también de representación: una mujer latina ocupando uno de los espacios más simbólicos del imaginario estadounidense. Según datos recogidos del Censo norteamericano por EFE, los latinos supusieron una quinta parte de la población (19,5%) del país en 2023. Sin embargo, en un momento en el que la situación política y social se encuentra en alerta debido a las políticas antimigratorias promovidas por el presidente Donald Trump, la esperanza acaba recayendo sobre rostros que no temen alzar su voz.
En este mismo escenario de reivindicación y visibilidad, aparece Bad Bunny, que lleva su identidad puertorriqueña por bandera. Benito es más que un fenómeno musical que bate récords con cada lanzamiento. Su éxito global ha puesto a Puerto Rico en el mapa de la cultura pop a través de sonidos y géneros típicos en su música (como la plena o la salsa), pero evidenciado algo que parece quedar siempre en el olvido: esta isla es un territorio con alma latina, pero con pasaporte estadounidense.
Lo lleva haciendo desde 2014, cuando dio sus primeros pasos en la industria, pero su último álbum, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, es un homenaje en mayúsculas a su hogar. «Lo que está haciendo Bad Bunny es posicionarse muy fuerte por una causa por la que luchar: cómo Estados Unidos lleva colonizando el mundo y, en concreto, su Puerto Rico natal», sostiene Alberto. Bailamos y cantamos sus canciones sin darnos cuenta de que, directa o indirectamente, y desde cualquier rincón del planeta, estamos formando parte de esta batalla, de ese grito de defensa y de crítica.
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Para acercar este mensaje a su fandom, 31 conciertos han protagonizado las noches caribeñas en San Juan, capital de la isla. 31 conciertos consecutivos batiendo récords bajo el nombre No Me Quiero Ir de Aquí en los que Benito ha creado su residencia musical para cantar en directo esa carta de amor que dedica a Puerto Rico. Estas fueron las palabras con las que cerró su penúltima noche y que se encargó de recoger Billboard: «A los que se fueron un día de Puerto Rico soñando con volver, y a los que todavía seguimos aquí, ¡no me quiero ir de aquí!».
¿Estados Unidos y Puerto Rico se darán la mano?
«Tienen cuatros meses para aprender español», este fue el dardo que Bad Bunny lanzó en el programa estadounidense Saturday Night Live a todos sus haters. La frase, mitad en broma y mitad casi profecía, resonó con fuerza después de que la NFL anunciara que el puertirriqueño encabezará el espectáculo del halftime de la Super Bowl 2026 el próximo 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara (California). El evento deportivo —el más visto de la televisión estadounidense con audiencias que superan los cien millones de espectadores— es el altar del entretenimiento, pero también del patriotismo norteamericano en su máximo esplendor.
La decisión de que sea Bad Bunny el protagonista del show ha dividido a la opinión pública en un debate demasiado candente. Mientras muchas personas lo aplauden y celebran la presencia latina en una noche tan americana, los sectores más conservadores de Estados Unidos han reaccionado con indignación.
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Más allá de la calificación de Donald Trump como «(una decisión) absolutamente ridícula», las críticas se han posicionado en torno a tres pilares: canta en español, apoya abiertamente a los demócratas y denuncia las políticas antimigratorias que se están llevando a cabo dentro del país. De hecho, asesores de Trump ya han advertido y amenazado con que habrá agentes de inmigración presentes durante el show.
El presidente norteamericano también denunció que un artista que «odia a Estados Unidos» no puede encargarse de protagonizar el «medio tiempo». Benito, en un comunicado oficial apoyado por la NFL, reconoció que no tiene ningún problema con el país; es ese sistema que ha dejado a Puerto Rico en un limbo político contra el que carga porque la ciudadanía puertorriqueña no tiene los mismos derechos que los estadounidenses.
Sus fans tampoco han quedado fuera del debate y del posicionamiento. Algunos lo ven como una contradicción, un gesto de rendición ante el sueño americano. Su gira no tenía parada en Estados Unidos, pero la Super Bowl cambia la orientación de la brújula hacia una visita a California. Otros, en cambio, lo ven como una gran jugada maestra: conquistar el escenario más patriótico del país siendo abiertamente puertorriqueño. Y es que Bad Bunny lo ha conseguido de nuevo: poner a Estados Unidos y al mundo a discutir sobre Puerto Rico, la representación latina y los límites de la identidad en el mayor espectáculo del mundo.
Así pues, cuando salte al césped del Levi’s Stadium en febrero, los millones de espectadores fuera y dentro de Estados Unidos no solo verán un show de quince minutos lleno de música y de espectáculo, también los adentrará en un espejo que refleja las tensiones políticas y sociales que atraviesa el país en estos momentos.
¿Logrará Bad Bunny que la Estatua de la Libertad ondee la bandera de Puerto Rico y que Donald Trump pida perdón a todos los inmigrantes como en su videoclip NUEVAYoL?


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