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Hollywood en apuros: la crisis creativa de la antigua fábrica de sueños

La meca del cine parece haber cambiado la creatividad por la rentabilidad para luchar contra las salas vacías y el streaming y el público empieza a mirar a otros lugares del mundo

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Gonzalo Mozas
28.10.2025

La edad de oro de Hollywood se está quedando atrás. Lo que en su día se conocía como la meca del cine, hoy parece más una fotocopiadora que produce películas que, aun siendo nuevas, dan la sensación de que ya las hemos visto antes. Si uno echa le echa un ojo a la cartelera, le costará encontrar algo que no sea una secuela, un remake o el reinicio de una saga a la que ya se le ha exprimido suficiente.

“Existe una sensación creciente de falta de originalidad en Hollywood. En los 70 y 80 había historias nuevas y arriesgadas, pero hoy en día los creadores tienen menos espacio para innovar y más presiones comerciales”, explica Javier Díaz-Salado, redactor jefe de la web de la revista Fotogramas. Según él, la crisis que atraviesa el cine norteamericano tiene su origen en un giro de ciento ochenta grados en el modelo de negocio de la industria.

En los años ochenta, Hollywood aprendió una lección que marcaría el futuro: la rentabilidad estaba en las sagas. Star Wars, Indiana Jones o Terminator no solo fueron fenómenos de taquilla, sino también auténticas fábricas de merchandising. En los últimos años la fórmula se ha repetido, esta vez explotando la figura de los superhéroes de Marvel y DC.

La saga Star Wars  marcó un antes y un después en lo que hoy en día conocemos como merchandising

Fuera de los juguetes, para Díaz-Salado, parte de este cambio radical tiene su origen en la aparición de las plataformas de streaming. En un principio, estas empresas parecían arriesgarse proponiendo nuevas formas de contar historias, pero la implementación de los algoritmos ha llevado a las plataformas a centrarse casi en exclusiva en el contenido que saben que funciona y nos mantiene pegados a la televisión.

Cine más allá de Los Ángeles

El “zasca” del streaming al Hollywood más tradicional no se queda ahí. Las plataformas han permitido que producciones de todo el mundo alcancen una dimensión global, como La Casa de Papel o El Juego del Calamar (la serie más vista de la historia de Netflix), algo impensable décadas atrás. Díaz-Salado señala que el éxito inesperado de estas producciones internacionales ha llevado a las plataformas a cambiar su estrategia: “Ahora mismo las plataformas apuestan por todo tipo de países con tal de dar en la tecla correcta”.

La industria del cine ya no está monopolizada por Hollywood de una manera tan evidente. Además, al auge del streaming se le une el tema fiscal: rodar en Los Ángeles cada vez es más costoso, por lo que muchas producciones optan por trasladarse a otros países y, película a película, el cine se muda fuera de California.

Una de las regiones del mundo que en los últimos años ha demostrado ser capaz de plantar cara a Hollywood es Asia. Parásitos (película surcoreana premiada con la Palma de Oro en Cannes y ganadora de cuatro de las categorías más importantes de los Oscar, entre ellas mejor película y guión original) es el ejemplo de que las buenas ideas ya no suenan en inglés ni surgen en Los Ángeles. Otro claro ejemplo que cita Díaz-Salado es el caso de Japón, donde se produce el anime que después se consume fuera de las fronteras asiáticas.

Bong Joon-ho y el equipo de Parásitos celebran su éxito en los Oscars de 2020
Un país dividido en dos

A la crisis creativa se suma una crisis de valores. En la pasada edición del Festival de San Sebastián (esa que fuimos a cubrir) Angelina Jolie confesó que ya no reconoce a su país, haciendo referencia a una industria que parece no preocuparse por contar lo diferente y desenmascarar las contradicciones de nuestro tiempo.

Hollywood, como el resto de los Estados Unidos, tampoco escapa a la polarización política que azota el país y que, según Díaz-Salado, influye también en los hábitos de consumo de la cultura. “Las historias con cierto contenido de justicia social se están reduciendo por miedo a la poca aceptación que puedan tener”, señala el periodista, que asegura que también se evita contar aquello que desafía el establishment norteamericano por las consecuencias directas a las que se enfrentan los estudios.

A pesar de todo esto, para Díaz-Salado todavía quedan artistas que se atreven a llevar la contraria al poder con historias arriesgadas. El periodista de Fotogramas señala como ejemplo Una batalla tras otra, un film en el que Paul Thomas Anderson hace un uso particular del western moderno para evidenciar lo ridículo del presente estadounidense.

Leonardo DiCaprio en un fotograma de Una batalla tras Otra (2025)

Al preguntarle por la posibilidad de que Hollywood desaparezca, Díaz-Salado reconoce que ese no es un escenario realista en este momento. Sin embargo, subraya que, si no se da un giro en la estrategia, “sí que puede llegar a explotar la burbuja en el medio y largo plazo”.

El periodista termina con un ejemplo que ilustra a la perfección la crisis hollywoodiense: las películas de superhéroes estrenadas este año, como Superman y Los Cuatro Fantásticos, no han superado la barrera de los mil millones de dólares recaudados a nivel global. La fábrica de sueños sigue en pie, pero su maquinaria parece estar obsoleta.

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