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¿Me gusta el programa o me gusta su presentador?

Esta temporada la televisión ha vuelto a mover sus piezas: cambios de cadena, cambios de programas y cambios de franja. Pero hay una pregunta que está por encima de todos estos movimientos: cuando un presentador cambia de sitio, ¿su audiencia se va con él?

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Marta de la Torre
01.10.2026

Septiembre es el mes de los estrenos. Llegan las nuevas parrillas, nuevos programas y, por supuesto, los fichajes. Este curso la televisión ha empezado fuerte. Aimar Bretos se ha ido a las mañanas de la SER, Cristina Pardo ha aterrizado en Antena 3 con La Mesa y Jesús Cintora se ha puesto al frente de Mañaneros 360. Mientras tanto, RTVE ha movido más nombres y La Séptima prepara su llegada con nuevas apuestas.


Pero… ¿Qué pasa con la audiencia cuando cambia la persona que está delante de la cámara? Porque una cosa es fichar a un presentador. Y otra muy distinta es conseguir que su público haga las maletas y se vaya con él.



El presentador como marca

Durante mucho tiempo, los programas funcionaban alrededor de una idea bastante sencilla: el formato era lo importante y el presentador era quien lo conducía. Ahora la relación parece haberse invertido, o al menos se ha complicado.


Un presentador tiene ahora nombre, trayectoria, redes sociales, seguidores, clips virales, entrevistas, podcast, comunidad… Tiene una marca. Y eso cambia las reglas del juego. Las cadenas no solo compiten por tener el mejor concurso, el mejor reality o la mejor serie. También compiten por tener a la persona capaz de conseguir que mañana vuelvas a encender la tele. O la radio.


El caso de Cristina Pardo sirve para entenderlo. Después de años vinculada a laSexta, la periodista aterriza en Antena 3 con La Mesa. El programa debutó con un 13,1% de cuota y 742.000 espectadores. Un dato que demuestra que había interés por conocer la nueva apuesta. Y aquí aparece una cuestión fundamental para entender el mercado actual.


¿Qué parte de esos espectadores fue a ver La Mesa y qué parte fue a ver a Cristina Pardo? Es prácticamente imposible separar ambas cosas en una cifra. El programa tiene su propio contenido, su horario, sus invitados, su promoción y su competencia. Pero la presentadora también aporta algo que no aparece en el share: una identidad que el espectador ya conoce. Y lo mismo ocurre con la llegada a Mañaneros 360 de Jesús Cintora.


La nueva temporada

Las cadenas siguen buscando caras conocidas, pero conseguir que una persona conecte de verdad con el público no es tan fácil. Un presentador puede ser muy conocido, tener experiencia y generar titulares cuando cambia de cadena. Pero eso no significa automáticamente que la audiencia vaya a seguirle.



Un estreno siempre genera curiosidad. Queremos ver qué hace el nuevo programa, cómo funciona la nueva pareja de presentadores o qué ha cambiado respecto a lo que había antes. Pero cuando pasan las semanas, la novedad desaparece. Y ahí empieza la verdadera prueba.


La temporada acaba de empezar y después de septiembre llegan los meses decisivos. Asentarse. En octubre (y sucesivos), podremos comprobar qué pasa cuando desaparezca el efecto estreno y llegue la rutina. Las cadenas ya han movido sus piezas. Ahora le toca mover ficha a la audiencia.

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