¿Un sillón con Broncano o 90 minutos con Jordi Wild? La nueva campaña electoral
Los jóvenes están más cerca de los creadores de contenido y alejados de los medios tradicionales. Los políticos lo tienen claro: la mayor parte ya no puede permitirse rechazar sentarse con las nuevas caras de la comunicación

Sara Rodrigo
28.10.2026
Antes para hacer campaña tocaba pelear por un minuto más en el telediario o una portada. Ahora también hay que conseguir un hueco en el sofá de Broncano, un micrófono en el pódcast de Jordi Wild o una charla en el canal de Iba Llanos. Los mítines siguen existiendo, pero la carrera hacia la Moncloa incluye nuevas paradas. En 2026, a escasos meses de las elecciones generales ya no basta con convencer al votante, también hay que caerle bien al algoritmo.
Y los números hablan por sí solos. La visita de Pedro Sánchez a La Revuelta el pasado 22 de octubre reunió a 4,387 millones de espectadores de media y 7,1 millones de espectadores únicos, según datos de RTVE. En redes sociales, el programa acumuló 38,42 millones de visualizaciones y 1,55 millones de interacciones. Vamos, que el sofá de Broncano tuvo más movimiento que una sesión parlamentaria.
Los pódcasts tampoco se quedan atrás. Jordi Wild prepara entrevistas con los candidatos políticos tras recibir confirmación de los cuatro representantes de las grandes fuerzas para las elecciones. Ibai Llanos también quiere organizar su propio debate electoral. La política ha salido de su espacio habitual para colarse donde antes veíamos videojuegos, retos y bromas. Ahora cuando entremos a Youtube para ver quien gana una partida en Minecraft vamos a acabar escuchando programas electorales o, simplemente, promesas que pueden hacerse virales.
Del telediario al algoritmo
Pero, ¿por qué los políticos quieren salir hasta en la sopa? ¿No teníamos suficiente con verlos en la televisión a la hora de comer? La respuesta es sencilla : nuestra forma de informarnos ha cambiado.
En el segundo trimestre de 2025 el 63% de jóvenes de 16 a 24 años recurría a las redes sociales y sólo el 43,9 % a la televisión. En el siguiente tramo de edad, hasta los 34 años, más de la mitad utilizaba redes sociales y alrededor del 20% escuchaba pódcast para informarse, todo ello según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC)
La televisión sigue teniendo su público, pero las redes sociales, los programas de entretenimiento o los pódcasts permiten al entrevistado explicar propuestas, proyectar una imagen más cercana y llegar a personas que quizá no se sentarían delante de la televisión para ver una entrevista política convencional. Porque hay quien escucha las palabras “debate electoral” y coge el mando más rápido que el café de por la mañana. Y, sin embargo, se queda a ver (aunque sea en 2x) el clip que le ha salido en TikTok con Feijóo o Sánchez hablando.
Además los creadores de contenido juegan con ventaja, ya que tienen una comunidad que escucha. Sus seguidores conocen la estructura, el tono y la manera de conversar del programa. Incluso confían en ellos. Por eso, cuando Santiago Abascal o Ada Colau entran en ese espacio pueden llegar a personas que en otro contexto nunca le hubiesen escuchado. O, más probable aún, entren una vez más en nuestras burbujas. Es decir, que si creemos que una opción es la mejor, nuestro algoritmo nos lo reconfirmará una y otra vez.
Aparecer en un pódcast no garantiza convencer a nadie, pero sí que permite probar otro tono, hablar durante más tiempo e intentar ganar la confianza del espectador. No es lo mismo ver a un candidato responder preguntas de manera rápida por tiempo limitado, que escucharlo durante una hora en un programa de entretenimiento. Cambia el ambiente, el espacio, el tono e incluso la imagen.
La viralidad y los votos
Y aquí llega la magia de internet, una entrevista no termina solo cuando se apagan los micrófonos y las cámaras. Una conversación de una hora puede convertirse en varios clips para TikTok, YouTube, publicaciones en Instagram y titulares circulando por todas partes. No hace falta haber visto el programa entero para encontrar el momento más divertido, la respuesta más llamativa o el tema polémico. Solo basta con que alguien recorte un fragmento y lo comparta al grupo de amigos con un "¿habéis visto esto?".
Para los candidatos políticos esto supone una oportunidad de difusión. Un mensaje puede llegar a miles de personas sin necesidad de ir al Congreso de los Diputados. Sin embargo ahí está la letra pequeña, el fragmento más viral no siempre es el que mejor explica una propuesta y puede estar sacada de contexto.

Mientras tanto, en Estados Unidos…
Pero ojo, ¡NO SOMOS LOS ÚNICOS! Al otro lado del Atlántico también están haciendo cuentas con los pódcasts políticos.
Una investigación de Sounds Profitable, una asociación de la industria del pódcast, ha concluido que uno de cada cuatro votantes que escucha pódcasts de manera habitualal menos mensualmente afirmó que la aparición de un candidato en uno de estos programas podría hacerle más propenso a votarlo. Además el 60 % de los consumidores mensuales de este formatopódcast consideraba apropiado que los políticos participaran en ellos.
El congreso podría ponerse al día con un Get Ready With Me antes de cada pleno, un expectativa vs realidad con las promesas electorales y para los debates más largos un POV: llevas cuatro horas discutiendo y todavía no has llegado a un acuerdo.
Conseguir nuestra atención es el reto principal, pero los likes no aprueban leyes y los compartidos no bajan el alquiler. El algoritmo puede acercarnos a los políticos, pero que ellos convenzan a la gente de que las cosas mejoran… ya es otra cosa.